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Archivar como 31 enero 2011

“The Task”

To arrest the fleeting images that fill

The mirror of the mind, and hold them fast,

And force them sit, till he has pencilled off

A faithful likeness of the forms he views.

William Cowper, 1785.

Primera tarea: convertir, clandestinamente, en una gran librería de Madrid, las sublimes fotografías lingüísticas del Mont Blanc tomadas por los poetas románticos ingleses en imágenes digitales. Sigo al pie de la letra las instrucciones que el filósofo británico Richard Payne Knight daba en 1805:

 

 El espectador, habiendo enriquecido su mente con los embellecimientos del pintor y el poeta, los aplica, a través de la espontánea asociación de ideas, a los objetos naturales que se presentan a su mirada, de este modo, adquiere las bellezas ideales e imaginarias; bellezas que no son apreciadas por el sentido orgánico de la visión; sino por el intelecto y la imaginación aplicados a ese sentido.

Me concentro y, a través de mi imaginación e intelecto, mis recuerdos del Valle de Chamonix y de la ascensión al Mont Blanc adquieren un carácter romántico.

 

 

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 Poetry makes nothing happen

W.H. Auden

Todo empieza con la lectura de “La bandera en la cima” de Rafel G. Bianchi, instalación incluida en la expoisción “Antes que todo” del CA2M. Me atrae la sistemática escritura pictórica de sus montañas y  despierta mi imaginación romántica; instantáneamente relaciono montañismo y poesía por la inutilidad y el metódico artificio de ambas actividades humanas. Al ver en uno de los textos de la instalación  la conexión entre ”La bandera en la cima” y el Taller de Literatura Potencial “Oulipo“, me entusiasmo:

 

“La bandera en la cima”, la serie de oleos aquí presentada recuerda a Oulipo, Ouvroir de Littérature  Potentielle, el Taller de Literatura Potencial ideado por Raymond Queneau, Goerge Perec e Italo Calvino… por nombrar solo a los famosos. En él, se producían precisos y sorprendentes artificios literarios combinando azar y reglas racionales autoimpuestas. En la La bandera en la cima se representan –se representarán al final de la serie- las catorce montañas que superan los 8.000 metros de altitud sobre el nivel del mar. Estas cumbres son mostradas con el mayor detalle posible, aunque el Señor Bianchi Rafael G., español de 42 años de edad, nunca ha estado en ninguna de ellas; en su lugar, las pinta cuidadosamente a través de las fotografías tomadas por otro Señor Bianchi. Marco Bianchi, italiano de 47 años de edad, sí estuvo realmente allí, y su libro “The Eight Thousand Peaks” atestigua e ilustra sus aventuras. Con PhotoShop, Rafael obtiene las escales de grises de las fotografías en color de Marco y las copia. Cuando está satisfecho con el resultado, cubre las imágenes en blanco y negro con colores claros elegidos de la carta de Talens por su transparencia. La superimposición de estos colores cumple el papel de colocar la bandera en la montaña. ¿Son los viajes de Rafael G. menos intensos y reales que los del montañero fotógrafo con (casi) el mismo nombre?

Emocionado, recuerdo que Antes que todo, en 1989, ascendí a una montaña: el Mont Blanc. Me propongo reconstruir metódicamente mi ascensión real a la cima de Europa y convertirla en artificio. El texto de mi ascensión artística podría decir así:

 José A. Otero, español de 42 años de edad, estuvo realmente en el Mont Blanc; sus fotografías atestiguan e ilustran su aventura. ¿Puede el viaje del Señor Otero, con la misma edad que el artista escalador, convertirse en una obra de arte?

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